Mercados Campesinos
Seguridad y Soberanía Alimentaria
Seguridad y Soberanía Alimentaria
Guardianes del Paisaje Cultural Cafetero (PCC) es un documental sobre un terirtorio que se define por su identidad y amenazas, siendo un fenómeno humano centrado en su gente y tradiciones, reconocido por la UNESCO como un patrimonio excepcional pero en peligro de desaparecer. Actualmente, la transformación del territorio pone en riesgo este legado debido a la baja rentabilidad del café y el desplazamiento de campesinos hacia monocultivos o grandes proyectos hoteleros, bajo la premisa de que "sin paisanos no hay paisaje". Frente a estas presiones, surge la resistencia y defensa ambiental, donde las comunidades protegen el agua y la biodiversidad contra el modelo extractivista, la minería y las hidroeléctricas, reafirmando al paisaje como un sujeto de derechos. Asimismo, existe una crítica al turismo y visión de género que denuncia la ridiculización de la mujer chapolera en parques temáticos, abogando en su lugar por un turismo cultural sostenible que beneficie directamente al pequeño productor y respete su realidad social. Finalmente, para asegurar su supervivencia, el rol del Estado debe traducirse en políticas públicas reales, mejoras urgentes en infraestructura y esquemas de ordenamiento territorial que protejan jurídicamente al auténtico habitante rural y su cultura.
En este documental conoceremos a La Red de Custodios de Semillas del Quindío que funciona como una comunidad organizada para la protección y recuperación de la biodiversidad agrícola local. Sus integrantes actúan como guardianes de la soberanía alimentaria, enfrentándose a la homogeneización impuesta por las multinacionales y la agroindustria moderna. A través del intercambio de saberes tradicionales y semillas nativas, este colectivo transforma las fincas en aulas vivas donde se practica la investigación campesina. El movimiento promueve una conexión profunda con la tierra, defendiendo que sanar el suelo es el paso fundamental para garantizar la salud humana. Al rotar y compartir variedades criollas, los custodios aseguran que estos seres vivos y sus historias no desaparezcan, fortaleciendo así un tejido social basado en la solidaridad.